Resfrío estado de

Si hay algo universal son los resfriados. Te das cuenta del diagnóstico con sólo ser un poco observador. En cualquier aeropuerto o a la vuelta de tu casa. El goteo acuoso incesante de la nariz, no distingue entre ricos y pobres, es idéntico en todas las culturas y clases. Podes estar en Barajas -por ejemplo- haciendo la cola para abordar a cualquier avión y observas la cara de un alemán que sabes que esta resfriado. No se necesita ser médico ni mucho menos para capturar la escena.

Ahora bien, no se trata sólo de cuestiones físicas como los veinte estornudos seguidos que acompañan una no grata proliferación de mucosidad. Es más bien lo que piensa la persona afectada lo que lo hace universal al resfriado. Sabemos perfectamente lo que aquel alemán bávaro piensa. Sabemos las conversaciones que tiene en su mente, porque sencillamente son las mismas en todo el planeta.

El tema viene por fases. Una primera fase es pensar dónde nos hemos contagiado. Siempre encontraremos a algún culpable. Este punto es muy importante porque si no hay culpables el camino hacia la liberación se complica. La segunda fase es saber cuándo tuvo lugar ese contagio. Aquí es donde comienzan los primeros cálculos mentales para saber cuánto nos queda aguantar, aunque más no sea la parte de la humedad desmedida (el goteo invasor de labios y bigotes). En relación con los cálculos de finalización del resfrío, tenemos muchas teorías científicas como por ejemplo imaginar a la bacteria o al virus en su estado actual, si están fornidos o si ya comienzan a estar débiles. La tercera fase es tener visualizaciones de mejora instantánea hasta que alguien a quien no conocíamos de nada nos pregunta: ¿se encuentra bien?; la respuesta también suele tener carácter universal y es un sí rotundo acompañado de una expresión displicente. La realidad es que nos afecta de tal modo que dejamos pasar unos minutos y nos vamos al baño a vernos a un espejo cuan mal nos encontramos. La verdad es que nuestra cara cambia de forma exponencial. Ojos, nariz y pómulos se ven calamitosos.

Existen también los estadistas que saben cuántas veces por año se resfrían y si entra dentro de su esquema probabilístico, entonces lo llevan con altura y desdén (como despreciando al que no se ha tomado el tiempo para detectar los patrones de caídas). Estos estadistas improvisados suelen caer más de lo habitual. Justamente su comportamiento pseudo racional les hace débiles de cuerpo.

Paralelamente al estado espantoso que envuelve a todo apestado, se recurren a  distintos métodos para acelerar la recuperación. También son universales y hay dos tipos: métodos químicos y métodos míticos. Si simpatizamos con el método químico entonces vamos a ingerir todo tipo de analgésicos, descongestivos y en muchos casos antibióticos seguramente con fechas de caducidad dudosa. Los que utilizan este método no son fanáticos de la ciencia ficción. Por el contrario prefieren las biografías históricas. Si por el contrario somos partidarios de la transmisión oral y mítica procederemos a varias cosas, entre ellas -y a modo de ejemplo- beber un té de remolachas tibias con jengibre, cardamomo y miel. En este punto la universalidad se vuelve particular porque una abuela norcoreana conoce otros trucos imposibles de descifrar y menos de llevar a cabo. De todas formas la sensación de sanación viene dada por como suenan las palabras, los sustantivos de lo que estamos ingiriendo, es decir la mezcla de sustantivos tal como: remolacha+jengibre +cardamomo, ya suena a que algo nos va a hacer bien. Muy distinto sonaría: Melón+vinagre+mayonesa. Nadie en esta tierra estaría convencido de que semejante mezcla podría curarle. Digamos que cualquier método mítico es mucho más divertido que el químico. Además, éste método goza de ser como una receta druida y ancestral que aunque venga del chino del super, sabemos que tiene siglos de eficacia.¿alguna vez vieron a un chino resfriado?, seamos precisos: no dije japonés, dije chino, porque los japoneses sí suelen verse más que resfriados paseándose con barbijos por la calle. Pero los chinos -en cambio- beben estos brebajes con antelación y se anticipan a todo. Por cierto que lo sustantivos en chino son mucho más determinantes que en cualquier otro idioma. Por eso es que tienen resultados más satisfactorios que en otras culturas donde los sustantivos suenan sin fuerza. Un ejemplo muy común es el de la palabra cebolla, si comparamos su fuerza con la del inglés onion ya pierde dos a cero. Pero si comparamos a ambas palabras con el idioma chino, quedarán pequeñas (Yángcōng se pronuncia!, poderosisimo). Otras lenguas como: el mongol, el croata y el vasco, gozan también de estas virtudes. La sintaxis es fundamental a la hora de una buena curación.

Por último está la fase de recuperación. Acá, en este estado, el tema es no recaer. Algunos se alimentan mejor, otros cuentan los pocos estornudos en el día que van teniendo y calculan que al otro día amanecerán limpios y sin ellos. Los más ansiosos regresan al trabajo aunque no los requieran ,como forma de derrotar definitivamente al molesto bicho. Todos los días se libran están batallas en el mundo, son guerras húmedas sin cuartel que todos los seres vivos -incluyendo al virus- desafiamos en silencio (sólo en los momentos donde no hay estornudos ni tos).

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Qué clave ponés y te digo como sos…

Hace ya una década que todos los habitantes de la tierra debemos escribir y recordar al menos unos veinte password por mes, se trata de una de las actividades más abrumadoras de la era digital. Casillas de correo electrónico, perfiles de aplicaciones, series y videos, redes sociales, banca a distancia, guías de todo tipo, están signando nuestro destino y poniéndonos a prueba para determinar el nivel de paciencia que tenemos para no repetir y recordar luego extrañas mezclas alfanuméricas.

Sabemos todos que por tratarse de una cuestión de seguridad no es muy aconsejable hacer trampa escribiendo en algún lugar todas estas claves. Aunque casi todos lo hemos hecho, no es lo indicado. Al mismo tiempo los sistemas nos dicen literalmente que “recordemos” esa suerte de jeroglífico.

Como me encanta encontrar patrones de comportamiento, (algo así como un sociólogo frustrado), encontré que hay como cuatro tipos de estratos sociales digitales respecto de cómo escriben sus claves:

En primer lugar están los “fecheros”, son aquellos que tienen una autoestima baja porque piensan que nadie estará interesado en ellos ni en sus cosas, ya que suelen utilizar como clave para todo su fecha de nacimiento toda seguida y en el caso de que algún sistema les obligue a poner más caracteres, repetirán algunas de las cifras de la misma fecha. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta que estamos frente a un grupo con altas posibilidades de ser hackeados de manera contundente.

Luego les siguen los “mezcladores”, son los que mezclan las fechas de nacimiento con sus propios nombres o partes de ellos y le suman algún caracter en mayúscula. Cuando teclean el carácter en mayúscula se sienten MacGyver. Estos ejemplares urbanos son engreídos pero en el fondo sumisos al sistema. Leen las secciones tecnológicas de algunos matutinos; pero claro, lo hacen una única vez de manera profunda, el resto de las veces alcanzan a recordar algunos titulares, con lo cual se han quedado fijados a las claves sugeridas del año ’98. Estas tribus nunca aceptarán su falta de actualización tecnológica y se convertirán en verdaderos defensores de cualquier avance científico contándonos noticias que leyeron en pasquines digitales que no conoce ni el loro.

Pasamos al siguiente nivel, el de los “claveros”. Estos parecen ser la evolución de los “mezcladores” pero no. Este grupo ha sido o es lector de algún manual de autoayuda digital. Es más ellos mismos piden que les regalen para sus cumpleaños este tipo de libros. Nos encontramos frente a personas que manejan word, excel y se animan con pseudos programas de retoque de imagen como paint. Engañan porque escriben rápido en los teclados y cualquiera pensaría que, porque escriben así, son ingenieros informáticos. La realidad es que han hecho algún curso de dactilografía y por eso tipean los password como si de una carta se tratara. Pero vayamos al tipo de clave que utilizan: acá no hay fechas, sólo podemos llegar a encontrarnos que han puesto las dos últimas cifras del año ó alguna otra variable como los dos últimos dígitos de la edad de la hija. Luego cuando crece la nena se lo ven complicado. Acá el concepto “mezcla” es transformado por el concepto “aleatorio”; en realidad creen que pueden escribir signos y caracteres de manera azarosa pero hasta mi tía deduciría que se trata -por ejemplo- de las primeras letras del nombre de cada uno de sus familiares incluidas las mascotas, y en el mejor de los casos de los motes o sobrenombres.

Por último tenemos los “expertos graciosos”, se trata de una raza muy rara porque piensan que tienen sentido del humor con su juegos y guiñadas de ojo. Habrán visto alguna vez ante la necesidad de entrar en alguna red wi-fi, nombres tales como: “noentranadie”, “usaotragil” ó cosas por el estilo, bueno están frente a estos genios informáticos del buen humor. Si bien se trata de personas cuasi profesionales no dejan de ser humanos a la hora de poner claves. Ni fechas, ni letras deducibles, ni mezclas, ellos suelen escribir partes de la película de su vida con algún signo de interrogación al final de la misma. Son personas ansiosas que en el fondo quieren que uno les pregunte por esa clave que usan y seguramente nos contarán con una sonrisa complice que le pusieron -por ejemplo-: “LavenganzadelosSith?”, claro cuando cualquier sistema ve este tipo de encriptamiento dice: VERY STRONG, y ellos suspiran, tienen algo así como un orgasmo digital.

Por último están los que saben de verdad, los “expertos”, suelen poner las claves sugeridas por los propios sistemas de randomizado que pululan por las redes, son realmente eficaces salvo que te afanen la compu porque resulta que los guarda el propio navegador, es que son absolutamente imposibles de recordar , tienen secuencias como si pusiéramos a nuestro gato a tipear a las 4 a.m y con guantes de box. El resultado es algo así: BulygvTYXjcx J(686998´2khvhz¿, como decía son altamente eficaces pero quedan guardados en nuestra querida laptop de fácil acceso y hackeo. Los expertos de todas maneras habrán puesto software para hacer estallar la compu a distancia en caso de hurto.

Unidos por la polaridad

Un amigo de un amigo, catamarqueño y geólogo me contó una vez que la Argentina se caracterizaba por generar que cualquier persona que venía a vivir a éste enigmático país, se volvia en pocos meses: Argentino. Es decir en poco tiempo estaba tomando mate, abrazaba algún club de futbol y se convertía en escasos días en un experto en: economia, sociología y periodismo.

Todo vino a cuento porque éste señor de rasgos semitas (árabe) llegó al país en su juventud y al otro día le decían turco. ¿cómo se les ocurre apodarme turco?, ¿pero esta gente no conoce nada?, su sorpresa fue cuando comprobó que en su propio barrio había otros turcos de origen sefardí por ejemplo. ¿En cuántos países del mundo existe esta capacidad de unificar etnias y religiones?, yo creo que  sólo en éste bendito país.

Alfredo -dentista y tanguero-, me contó una vez que tuvo un paciente japonés que había tenido un alto puesto en la firma Hitachi y lo habían trasladado a Buenos Aires. No puedo imaginarme los pensamientos de aquel nipón viendo el globo terráqueo en Osaka, intentado comprender su destino. Parece ser que los de Hitachi cantaban un himno cada mañana antes de comenzar su yugo. Según Alfredo pasaron 30 escasos días para que el japonés balbuceara puteadas, se había hecho fanatico de San Lorenzo y por supuesto había olvidado el himno a su empresa. ¿Se pueden imaginar los trabajadores argentinos cantando el himno a una empresa?…, Seguramente sus amigos lo llamarían ponja.

Ahora bien, ¿por qué es tan sencillo deshacerse de las raíces viniendo a vivir a acá?, Es como si la Argentina funcionara como el río del Hades (Leteo) que en sus tranquilas aguas las almas de los muertos bebían el olvido de su vida. Porque cuando uno migra a cualquier otro país sucede más bien lo contrario, todo se transforma en una evocación melancólica y uno se vuelve más Argentino que nunca.

Quizá el secreto sea que los tópicos argentos son simples y faciles de adquirir. Además todo viene de a pares como para que a uno se le ponga más sencillo la elección. ¿peronista o no peronista?, ¿bostero o gallina?, ¿del diablo o de la academia?, ¿mate amargo o dulce?, ¿pasta o asado?, ¿fresco y batata o membrillo?, los menu de los aviones han robado este concepto, absolutamente todas las líneas aéreas preguntan: ¿pollo o pasta?. De ahí el éxito de la universalidad de las comidas en los vuelos. Las preguntas binarias podrían extenderse al infinito y cada extranjero se sentirá que es libre porque elige. Así de simple.

Los motes o apodos genéricos son obra de la inclusión, todos los apellidos españoles son “gallegos”, todos los italianos son “tanos”, todos los orientales son “chinos”, y para aquellos que distinguen el tipo de ojos habrá “ponjas”, todo semita o con rasgos similares a un árabe será “turco”, todo judío caucásico será “ruso”, toda persona con un apellido medio extraño y de aspecto fuerte será “vasco”, todo aquel que pese menos de 5o será “flaco/a” y todo aquel que pese más de 80 será “gordo/a”, los que están en el medio y no tienen nada que sobresalga podrían denominarse  “fachita” o si hay excesos físicos entonces serás: “orejón” “bocón”,…, y cualquier hijo de vecino que sea entrañable será “el negro”, y así de forma contundente se unen las distintas tribus que afuera se matan y acá se aman. Es un país fantástico, que integra, que une. Unidos por un exceso, ¡eso identifica!

Por eso los que hablan de la grieta no entienden nada, la grieta es lo mejor que nos pudo haber ocurrido, enfatizar la grieta significa sentirnos libres porque la elección es imperativa. Es como ir al supermercado y tener de todos los productos sólo dos posibilidades, hay que abrazar una marca de café y listo. No hay angustia. A vivir y punto.

fantasías boludas

Hay Fantasías y fantasías, para poder diferenciarlas, a la segunda de ellas (en minúscula) la voy a acompañar con un adjetivo simple y concreto: “boludas”. Absolutamente todos los habitantes de la tierra tienen a diario fantasías boludas. Son aquellas que invaden nuestros pensamientos en cualquier momento del día, tomando mate o mientras nos concentramos en el baño. Tienen la velocidad de un mosquito, y son efímeras; pero ¡ojo! que pueden resultar compulsivamente repetitivas.

Que sean boludas, no quiere decir que sean banales, sino que se tratan de cuestiones absurdas e inocentes. Cuestiones diarias que nos llevan a escaparnos de alguna manera aniñada al país del todo es posible, a sueños bobos o a pesadillas narcisistas.

Un claro ejemplo de una fantasía boluda, es imaginarnos por un segundo que estamos por ejecutar un tiro libre, lo más absurdo es que el que lo esta por tirar es Messi. Imaginamos entonces que estamos ahí en lugar de él, que escupimos, que sabemos donde la vamos a clavar, hasta sabemos como colocar el pie. Si fue gol entonces lo gritamos prácticamente como si estuviéramos en la cancha y si no, miramos el sandwichito de miga y a seguir devorando.

¿Quién no ha fantaseado boludamente con pensarse ser el bombón sexual por un nanosegundo de una codiciada potra?, -léase “ codiciado potro” para lectoras asiduas a las fantasias boludas-. Es increíble que seamos tan ingenuos en estos momentos cotidianos, si pudiéramos grabarnos seríamos espectadores de un grotesco en el mejor de los casos.

Falta poco para la entrega anual de los premios Oscar y tengo que reconocer que cada vez que logro quedarme despierto viendo la entrega, tengo la fantasía boluda de pensar que diría yo mientras me dan un premio -vaya a saber de qué-, en realidad se lo dieron a Matthew McConaughey pero en ese instante soy yo ¿ a quién le agradecería en primer lugar? ¿y en último?, ¿haría un discurso emotivo o sarcástico?, ¿les agradecería a mis competidores?, ¿tendría algún tropiezo al subir o bajar por la escalera?.

Dicen que en los sueños nunca logramos vernos tal cual nos vemos en un espejo en estado consciente, estoy convencido que en el caso de ser atacados por este tipo de fantasías, nos percibimos, nos re-presentamos mucho mejor de lo que nos vemos. Seguramente con menos años, dignos y hermosos. Sobre todo para recibir un Oscar.

A primera vista parecería ser que tiene que ver con segundos de fama pero no, la fantasía boluda puede tener motivaciones profundas, como por ejemplo imaginarse que el vecino se acaba de ganar el loto y nos viene a regalar su vivienda, su casa que por supuesto es mucho mejor que la nuestra. La fantasía del vecino consistía en que el día que él se ganara el Loto nos regalaría su casa y coincidió con la nuestra.

Si lo piensan bien, son muy breves estos momentos pero a lo largo de un día pueden resultar abundantes.

Es licito pensar en que todos los seres que nos rodean, familia, amigos, pareja, gozan también de estos maravillosos momentos cotidianos. En la cocina, mientras compran en el supermercado, cuando paran en un semáforo, o simplemente durante una lectura de un importante libro, se detienen en la página 14, en la cuarta línea del tercer párrafo y ahi se van, por unos segundos encarnan al héroe del relato, ó se imaginan que están por finalizar un libro pero escrito por ustedes .

¡Pero cuidado! que también las fantasias boludas pueden ser negativas y cuanto más negativas son, más boludas se vuelven. Una tipica es pensarse que en pleno acto de lo que sea, o en un bondi, nos morimos, así como así, ¿llevamos alguna identificación encima para que nos puedan reconocer?, ¿tenemos la ropa interior limpia?, ¿olemos bien?, ¿tenemos celular encima?,sí pero tiene clave y ahora no es momento de andar quitándosela, a veces estos pensamientos tienen una base científica verosímil porque hemos escuchado sin querer por la radio hablar de la muerte súbita y sin darnos cuenta hemos procesado esa información como propia,…, para que se pase rápido debemos de mirar alrededor seguro habrá alguien que tendrá un aspecto físico desfavorable al lado nuestro, me refiero a poco saludable, las comparaciones son odiosas pero en estos casos son altamente recomendables por encima de todas las cosas.

Los ascensores son los artefactos cotidianos donde más se producen fantasías boludas, porque el tiempo de ascenso o descenso es exactamente la duración de una fantasía boluda. Supongo que han sido creados para este fin. Además en los ascensores interactuamos con quien tengamos a al lado. Primero nos transformamos en psicólogos imaginando todo el perfil del que tenemos al lado. Sabemos con certeza que se trata de una madre de familia que no logró terminar sus estudios pero que se casó con un poderoso abogado de cuyo edificio es dueño. Luego viene la fase de nuestro rol, ¿cómo me mira?, -mucha guita pero no te dan bien de comer-, seguro que se baja en el mismo piso que me voy a bajar yo. Algunos logran en estos pocos segundos terminar una película de 120 minutos, porque los pensamientos son veloces y las tramas que imaginamos muy boludas.

Un consejo es no intentar contabilizar la cantidad de minutos diarios en que nos atraviesan estas micro-fantasías , porque nos llevaríamos una sorpresa poco agradable, algo así como que perdimos 45 minutos de producción útil, así que lo mejor es procurar gozar las positivas y reírse llanamente de las negativas.